Aprender a escuchar

 ¿Es lo mismo escuchar que oír?

No hace falta más que sentarse en la terraza de un bar y observar cómo habla la gente, cómo se comunican, cómo se atropellan las frases. ¿sabemos escuchar? ¿Es lo mismo escuchar que oír?

 No, no es lo mismo. En la escucha hay atención e incluso algunos, son capaces de empatizar silenciosamente con el emisor y establecer una relación bidireccional y oir, es algo mecánico donde no hay una auténtica conexión con lo que el otro dice y donde muy a menudo se interpreta lo que escuchamos y aprovechamos para decir “la nuestra”.

 Desde niños, en la escuela nos enseñar a hablar y a escribir, pero nadie nos enseña a escuchar. ¿Cuántas veces en una conversación somos capaces de interrumpir a nuestro interlocutor con la excusa de que lo que vamos a decir es más interesante, importante o certero?

Tipos de escuchas

 Estamos tan ensimismados en nuestros propios asuntos que es habitual dar poco valor a los que nos dicen y por inercia, según el carácter, acabamos por desarrollar estilos insanos de escucha donde canalizar nuestra necesidad de sociabilizarnos.

Deben haber más tipos de escucha, pero ahí van algunos:

  • Escucha de falsas buenas intenciones: esta es muy habitual, es cuando te pones más sabiondo que el otro y con la excusa de hacerlo por el otro, por compasión, para ayudar, le ofreces “sabios” consejos.
  • Escucha “labrando el terreno”: se trata de utilizar al interlocutor para hablar de uno mismo, dar la vuelta a la conversación.
  • Escucha “a traición”: es un tipo de escuchar donde utilizas lo que se intenta comunicar para menospreciar al otro, reírte o quitarle importancia.
  • La falsa escucha: esta también es común, interlocutores que parecen que escuchan pero que en realidad, curiosamente, sólo están pasando el tiempo. Este tipo de conversaciones suelen ser unidireccionales. Uno habla, y el otro hace que escucha.

La necesidad de aconsejar.

Aconsejar hace que nos sintamos mejor, especialmente cuando el que habla es alguien que está necesitando salir de una situación, que se encuentran ante alguna dificultad de difícil solución. Nos invade la urgencia de aconsejar y muchas veces, con la falsa seguridad de creer saber qué es lo que el otro necesita.

Aconsejar no es fácil, es complicado conocer qué es lo que más conviene al otro porque nuestros consejos están codicionados por nuestras experiencias, creencias y conocimientos. A menudo no prestamos demasiada atención a todo lo que nos comunican y se aconseja de manera arbitraria, sin ningún criterio, sólo el de “yo sé más que tú”.

La escuchaaprender-escuchar empática

La primera vez que escuché este término fue en la formación como terapeuta Gestalt antes de licenciarme como psicóloga.

Como indica la palabra se trata de ponerse en el lugar del otro para tratar de comprender su posición, sus dudas, sus dificultades, sin juzgar. Se trata de interiorizar que el otro puede tener otras maneras de pensar y de vivirse y no porque nuestras gestiones personales sean diferentes a las del otro, aquellas, las de el otro menos válidas.

La escucha ha de ser con los cinco sentidos, mostrar interés, hacer preguntas que pueden ayudar al otro a encontrar la manera de resolverse. Y si realmente queremos “participar” en la conversación, se trata de darle al otro una herramienta que conduzca la conversación a un mayor conocimiento del problema, llegar a un lugar donde por si solo uno no puede llegar.

Cuando practicamos la escucha de una manera en activa, mostramos interés, haciendo pensar al interlocutor, Por ejemplo, con preguntas bien planteadas podemos abrir posibilidades de que no se han planteado facilitando hallar una solución al tema tratado.

 Hay mucha literatura al respecto y está confirmado que en realidad quien controla una conversación no es quien más habla, sino quién mejor escucha. Escuchar al otro nos permite comprenderles, interesarnos por sus preocupaciones nos hace más humanos.

Montse Fernández

Psicóloga. Terapeuta Gestalt