El momento de consultar a un psicólogo/a  puede plantear muchas dudas ya que existen creencias de contenido cultural, social y personas que no facilitan el camino.

A continuación se detallan los más conocidos:
(Fuente original: Josep Planas www.psicologobarcelona.es )

La terapia es solo para locos

Erróneamente se relaciona la terapia con enfermedad, es decir, como si ésta solo la necesitaran personas con un grave desajuste emocional o psicopatología.

Todos tenemos aspectos de nuestro carácter que se pueden mejorar o bien, simplemente analizar y observar cómo somos. Ir a terapia no es para enfermos, es para personas que se encuentran en ese momento de su vida, interesadas en autoreconocerse.

No debo revelar mis intimidades a nadie

Existen experiencias personales, creencias sociales y  familiares, que llevan a algunas personas a creer que deben ser reservadas con su vida privada y están convencidos que no deben revelar sus intimidades a nadie, ni a un psicólogo. El material terapéutico, lo que se habla durante las sesiones, es absolutamente confidencial, tal como refleja el Código Deontológico del Psicólogo.

La persona que acude a un terapeuta para tratar de ordenar y trabajar sus dificultades, debe, es necesario, que confíe en la profesionalidad del terapeuta dándole a éste  toda la información necesaria para que se pueda elaborar una adecuada y eficaz hipótesis de trabajo.

El terapeuta, por otro lado, debe recoger esa información con respeto y por qué no, con agradecimiento.

La psicoterapia es demasiado costosa: en tiempo y dinero

Hacer terapia tiene un coste en tiempo, dinero y esfuerzo… no hacerla en ocasiones puede suponer consecuencias negativas en la salud, indeseada relación con los otros e insatisfacción con nosotros mismo.

Lo más habitual es que la persona que invierte en sí misma y en la psicoterapia, amortice ese dinero en poner soluciones a sus dudas y movimiento a sus necesidades. Se reconoce  observándose en sus avances y se siente más satisfecho.

Las terapias son caras; personalmente, trato de que sean lo más asequibles posibles para quién lo necesita. Mis tarifas están pensadas y adaptadas al momento económico en el que vivimos actualmente, tratando con ello que la psicoterapia sea un bien accesible a un mayor número de personas.

Por otro lado, los psicoterapeutas estamos en formación de manera continuada (cursos, masters, supervisiones, literatura…) todo ello para  poder ofrecer calidad y garantía a los pacientes y habitualmente tienen un coste elevado. Y también tenemos costes de alquiler de un despacho, gastos de mantenimiento, de publicidad, cuotas de autónomos, impuestos, etc. Además, no sólo trabajamos durante ese tiempo que estamos con el cliente, lo hacemos en nuestros despachos, consultando y planteando hipótesis de trabajo.

En relación a la duración de la terapia, es muy relativo, va en función del caso, de la persona.  Existen, es cierto, terapias de muy larga duración como el psicoanálisis, pero también existen terapias breves en las cuales se pactan un número limitado de sesiones con el paciente para resolver un problema concreto. De todas formas, la mayoría de terapias que se utilizan actualmente suelen durar un promedio de 4-8 meses.

La terapia produce dependencia: mucha gente se queda enganchada a ella

La terapia se centra en el paciente pero no es el centro del paciente. Se trata de que las personas que asisten a las sesiones descubran sus propios recursos y aprendan a utilizarlos. El objetivo de un psicoterapeuta no es la dependencia, sino todo lo contrario: fomentar la autonomía y aprender a gestionarse la vida satisfactoriamente, con responsabilidad.

La gente es como es y no cambia nunca

Los cambios aparecen a partir del momento que la persona se reconoce honestamente. Descubre sus habilidades y acepta sus dificultades. Empatiza y pone límites. Los cambios aparecen cuando se deja de luchar por cambiar y se vencen las resistencias guiadas por el ego. Es cuestión de buscar la cooperación de las partes resistentes que, por miedo, pereza, prejuicios, desinformación, etc. no quieren salirse de su “zona de comodidad”.

La psicoterapia no logra cambios

Puede pasar que una terapia no da resultados en un plazo de tiempo razonable, cabría buscar otras opciones: un cambio de estrategia por parte del terapeuta, o un cambio de terapeuta. De todas formas, que una terapia determinada no haya dado resultados en un paciente determinado, no implica que la terapia en sí sea ineficaz.

La psicoterapia por sí sola no logra cambios. Es importante señalar lo que la terapia NO HACE:,

  1. cambiar a personas del entorno del cliente.
  2. cambiar el entorno: trabajo, vivienda…
  3. alcanzar cambios “instantáneos”: estamos en la cultura de la prisa y, a veces, no nos damos tiempo a observar.
  4. cambiar a una persona que no quiera realmente cambiar, es decir, que no colabore mínimamente.

Las pastillas son más eficaces

Los fármacos pueden ayudar en algunos casos, sobre todo los más graves, al menos para que la persona esté en mejor disposición para efectuar una terapia, pero tienen sus inconvenientes:

  • Existe un grave riesgo de dependencia de algunos fármacos: hay que ir aumentando la dosis para que produzca el mismo efecto, etc.
  • Los fármacos pueden “tapar” el problema, borrar las señales internas (emociones dolorosas) y anestesiar señales que tal vez nos puedan ser útiles para efectuar algún cambio en nuestra forma de pensar, sentir o hacer. El dolor es una señal del cuerpo que nos avisa de que necesitamos hacer algún cambio.
  • Muchas veces los fármacos son recetados por médicos o psiquiatras que solamente han escuchado al paciente durante 10 o 15 minutos, sin establecer un verdadero contacto con él y con su problemática, y le dan una solución “rápida” que muchas veces no es la más idónea.
  • Muchas veces determinados fármacos vienen avalados por una publicidad de los medios “interesada”: los fármacos proporcionan beneficios millonarios a las empresas que los elaboran. Es decir, no siempre la información que se da acerca de ellos es objetiva.
  • Algunos fármacos tienen efectos secundarios, a veces poco conocidos a largo plazo.

Muchas veces lo que se necesitaría cambiar no es a la persona en sí, sino a las circunstancias de su entorno

A las dificultades de la vida de muchas personas se suma un entorno desfavorable para el crecimiento personal, que en demasiadas ocasiones, acelera el desajuste emocional interno.

A pesar de eso hay factores que ayudan a “construir”  un entorno más amable en el que poder desarrollarse, por ejemplo: cuantas más personas potenciemos nuestro desarrollo personal e interés en ser mejores ciudadanos, amigos, padres, trabajadores, etc. (en definitiva más felices), entonces, más aumentará el nivel de conciencia del grupo de la sociedad y de esa manera, como ondas expansivas… el progreso de uno repercute en el progreso de otros. Es decir, si cambiamos nosotros, si aumentamos nuestros recursos personales a nivel interno, aumentaremos también la probabilidad de efectuar cambios externos en nuestras vidas o, al menos, seremos capaces de percibirlas de otra manera que nos perturben menos, más responsablemente.

Por otro lado, determinados cambios (sociopolíticos, etc.) no están directamente al alcance de una sola o de unas pocas personas y cada uno de nosotros sólo podemos colaborar en parte, sólo podemos formar un eslabón de la cadena para el gran cambio social que quizás muchos de nosotros deseamos, y cuanto más consigamos cambiar nosotros más podremos contribuir a ese cambio.

Ha de ser uno mismo quién realmente solucione sus problemas

Esto es un mito con origen en una idea de sociedad marcada por el individualismo  y los prejuicios aprendidos de los entornos más próximos como la familia.

En la interrelación se da la oportunidad de adquirir nuevas perspectivas de un mismo asunto y este hecho enriquece el conocimiento. Además que todo el mundo necesita ayuda de los demás para resolver problemas en determinados momentos. Aparentar “yo puedo” o “aquí no pasa nada” para que los demás no se enteren de nuestras dificultades o para demostrar(nos) que “somos fuertes” no son la mejor opción.

Los amigos te pueden ayudar igual o más que un/a terapeuta

Los amigos te pueden ayudar en algunas cosas y en otras no. Con los amigos te puedes desahogar, puedes obtener apoyo, comprensión y también te pueden sugerir algunas soluciones, pero… no poseen las herramientas (técnicas, etc.) que posee un terapeuta. Los amigos ayudan a partir de su propia experiencia personal y de su capacidad de empatía como seres humanos, pero para determinados problemas les faltan recursos, estrategias.

El cariño, la comprensión, las buenas intenciones, etc. son elementos muy importantes para ayudar a otro ser humano, pero a veces no bastan e incluso en algunos casos pueden complicar más la situación.

¿Cómo sé que un terapeuta determinado me podrá ayudar? ¿qué garantías tengo si no le conozco?

Es conveniente, antes de comenzar una terapia, reunir una información mínima sobre el terapeuta en cuanto a su experiencia profesional, formación, etc. y, a ser posible, tener una entrevista previa para conocerle y resolver dudas que tengamos, etc. Aparte de eso, la mejor garantía es ir valorando sobre la marcha el progreso personal en la terapia, ver si realmente nos parece que vamos en camino de resolver nuestros conflictos o no.

En caso de dudas es importante hablar claramente con el terapeuta. De no ser así, y sobre todo una vez empezada la terapia, la relación puede deteriorarse, y lo más importante, el proceso puede estancarse, empobrecerse.

¿No hay cosas que es mejor no remover, y olvidar?

Hay quien piensa que es mejor dejar los malos recuerdos en el pasado. Creer que la vía para superar un trauma o problema del pasado es olvidarse de que existe, no es la forma más sana. Los temas no tratados del pasado son traicioneros y aparecen en nuestras vidas en diferentes formas: dolor, tristeza sin motivo aparente, apatía, irascibilidad, peleas, enfermedades …

Algunos de los traumas que hemos sufrido se han producido en épocas de nuestra vida en las que no teníamos suficiente capacidad para asimilarlos, para digerirlos intelectual y emocionalmente. Volverlos a sacar y a valorar a la luz de nuestros recursos, de nuestras vivencias actuales y con ayuda de otra persona, nos causa dolor, es cierto, pero también nos da la oportunidad de elaborarlos y conceptualizarlos de otra forma más sana. De esta forma, podemos conseguir además de quitarnos un peso de encima, vivir de forma más libre, sin la influencia negativa de esas situaciones sin resolver (por ejemplo culpa, etc.).

Muchos problemas se arreglarían solos o con más dinero, la pareja ideal, etc.

Es cierto que muchas cosas pueden mejorar con dinero, una pareja que nos comprenda y ayude, etc. Pero hay muchas cosas que el dinero no puede resolver: por ejemplo una fobia a los aviones, un ataque de pánico, una tendencia a engancharse a relaciones destructivas, una dependencia al alcohol, un rasgo de nuestro carácter que nos complica la vida y la de los demás, etc.

Es difícil que consigamos una pareja adecuada, más dinero, etc. si no cambiamos ciertas cosas en nuestra manera de pensar/sentir/actuar que están obstaculizando nuestra vía de progreso y desarrollo personal. A veces, sí, un cambio externo puede propiciar un cambio interno pero muy a menudo eso no es suficiente para conseguir lo que queremos, para alcanzar un mínimo de estabilidad que nos permita movernos con autonomía, respeto y confianza.