La importancia de la relación terapéutica

La importancia de la relación terapéutica

La importancia de la relación terapéutica

 

 

A veces se subestima aspectos tan importantes en el trabajo terapéutico como la relación entre psicólogo y paciente.

Cada profesional tiene su estilo, su manera de hacer que además es coherente con su escuela , con su práctica, con su formación.

Yo me formé en Aula Gestalt de Barcelona que como su  nombre indica forma, enseña, muestra a terapeutas sobre el quehacer y filosofía de la psicoterapia Gestalt.  Eso nos da a los terapeutas unas directrices, un mapa donde aparecen las capitales más importantes a visitar en cada caso, en cada persona. A partir de ahí pueden suceder muchas cosas.

 

Escribo esto para volver otra vez a la importancia de la relación terapéutica, del vinculo. Esta es mi experiencia.

¿Cuándo hay una buena relación terapéutica?

Cuando las cosas fluyen.

Es decir, cuando entre cliente (o paciente,segúnquieras llamarlo) y psicoterapeuta se dan cosas que hace que el cliente se sienta involucrado dentro de la terapia pero sin presión, sin exigencias por ninguna de las partes.

El director de Orqueesta

El psicoterapeuta es el director de orquesta, ha de intuir que necesita, como nutrir el trabajo conjunto.

De todas formas no olvidemos que el terapeuta es una persona y no funcionará si  trabaja unilateralmente.

Puede proponer, acompañar,  sugerir, confrontar, apoyar, etc.. pero necesita que el otro responda porque la respuesta, la reacción, el análisis, o lo que sea que  produzca en el cliente es lo que hará que la relación se mueva que no se estanque, que crezca.

Eso es una relación bilateral donde se construye a partir del trabajo común y tiene la forma de la necesidad del cliente, de la persona que consulta.

Para conseguir esta relación básicamente de lo que se trata es de no condicionarse. Ni paciente ni el psicólogo.

El cliente debe dejar a un lado cuando quiere empezar una terapia las ideas y pensamientos cómo:  no sabré que decir, no me va a funcionar, nadie puede ayudarme etc… Es imprescindible confiar, confiar en que el otro el psicoterapeuta sabrá afinar en el tratamiento a seguir.

El psicólogo ha de saber cómo hacerlo, que baldosas poner para que el cliente las pise, las note, las siente y avance. Es un trabajo de humildad, generosidad y de saber estar en el lugar que toca.

En definitiva el asunto tratado se basa en la confianza y responsabilidad mutua. Además de la SINCERIDAD.

Es necesaria saber construir un vínculo adecuado para cuando se den dificultades, dudas y aparezcan los mecanismos de defensa,  esa adecuada relación entre cliente y terapeuta favorezca hablar sin miedo de los asuntos que puedan interrumpir o molestar el trabajo conjunto.

Montse Fernández Psicóloga Col. 19068

El Prat de Llobregat

Consejos básicos ante una crisis de ansidad

Consejos básicos ante una crisis de ansidad

CRISIS DE ANSIEDAD

 

Una Crisis de Ansiedad es una reacción exagerada del organismo cuando cree percibir algo que “interpreta” como PELIGROSO. El cuerpo se pone en un estado de “huir o atacar” liberando un chute masivo de adrenalina que acelera el corazón y la respiración y que provoca sudoración, boca seca, taquicardias y otras sensaciones muy desagradables. Puede suceder puntualmente, o en repetidas ocasiones. Lo que sí es cierto es que es una experiencia difícil de transitar y que puede afectar al desarrolla natural diario de una persona.

 

Los ataques de pánico no suponen ningún peligro. No pueden dañar su salud física, ni mental; ni pueden hacer que se pierda el control, aunque esto es difícil de integrar. Vamos a dar unos consejos:

Consejos básicos:

  1. Baja la velocidad de tu respiración: inhala durante cinco segundos expandiendo el vientre. Aguanta la respiración durante 15 segundos, y saca el aire durante diez. Repítelo 5 o 6 veces hasta que tu respiración se normalice. Si estás hiperventilando, pon tu mano sobre tu boca. Cuando hiperventilas, tu sangre se llena de oxígeno, provocando esa sensación de pánico. Al taparte la boca recuperas el bióxido de carbono de la sangre y se normaliza la respiración.
  1. Racionaliza: recuerda que esas sensaciones son sólo provocadas por la adrenalina, que no es un ataque al corazón y que pronto pasará.
  1. Concéntrate en otra cosa: mira tu zapato izquierdo y descríbelo como si estuvieras dando información a la policía. A veces, el miedo a tener un ataque de pánico es peor que la razón por la que originalmente sufrías el ataque.
  1. Deja los estimulantes: deja la cafeína, ya que aumenta el ritmo cardíaco y te hace más irritable.
  1. Distráete: si es posible, aléjate de la situación y sal a caminar. Incluso una corta caminata de diez minutos te puede relajar e incluso quemar algo del exceso de adrenalina que has producido.

 

Alejarse de la situación es una medida a corto plazo. Si nos alejamos del objeto fóbico la ansiedad decae, pero esta no es la solución definitiva ya que la reacción ansiosa ante eso que nos ha provocado la ansiedad va ha seguir ahí sino se trabaja, sino se consulta a un psicólogo que nos enseñe cómo  hemos de gestionar la situación y cual es el origen de ese miedo.

Para controlar la tensión que nos produce recordar, acercarnos o imaginarnos el objeto ansioso, es importante conocer métodos de control de la ansiedad como la respiración diafragmática y la relajación muscular de Jacobson.

Montse Fernández.

Psicóloga Sanitaria, terapeuta gestalt.

El Poder y el dinero no lo es todo

El Poder y el dinero no lo es todo

¿El dinero da la felicidad?

 

 

¿Qué crees que lleva a una persona con poder, fama y dinero a psicoterapia?

 

El poder y el dinero no es la solución que resuelva para siempre nuestra salud emocional. Los ricos también son vulnerables de sentirse mal, de plantearse dudas y no encontrar respuestas y sobretodo a sentirse solos, por eso algunos de ellos, hacen psicoterapia.

Las personas con un alto nivel adquisitivo suelen ser desconfiadas de las intenciones de los demás. Por supuesto no se han de preocupar por necesidades básicas que puedan pagar ya que ese tema está resuelto, pero por ejemplo, en el tema del amor, sufren y se lamentan como el resto de los mortales.

Echan de menos, y entristecen ante asuntos emocionalmente complicados. Su alto nivel socioeconómico no evitan que entren en dudas hasta la paranoia que pueden llegar a alejarlos de los demás cuando se trata de poder proporcionar favores, dinero, puestos de trabajo…

¿Cómo distinguir a un amigo de un adulador?

Incluso en las relaciones intimas o de pareja… Se preguntan si esa persona que acaban de conocer realmente se sienten interesadas por ellos o bien por su dinero.

La soledad del poderoso. Tienen poco tiempo para relacionarse, un alto nivel de estrés y de responsabilidad  como para perder tiempo en comprobar que realmente sea lo que el otro le parece demostrar.

Acaban volviendo solos a casa a descansar para tomar fuerzas para el día siguiente. El que tiene poder no puede tener amigos. Tienen, socios, colaboradores, subordinados, conocidos, contactos… y soledad, porque no hay amigos cuando se tienen poder.

Insatisfacción crónica

El diagnóstico habitual en muchos casos es una insatisfacción crónica. La sintomatología: problemas de sueño, se encuentran mal, dificultades para poner límites, problemas para tener una relación satisfactoria con la parejas y los hijos, problemas sexuales…

El día que decidieron dedicarse a levantar un holding de empresas  o llegar a ser los mejores en algo con muchísima competencia, ese día no evaluaron todo lo que iban a tener que sacrificar y abandonar a su paso y al final, ya en la cumbre, miran a su alrededor y no hay nada que  les haga ilusión y que les satisfaga, sólo un gran vacío interno.

La psicoterapia les ayuda  a resituarse y entender que a pesar del éxito profesional obtenido y que tengan todo el dinero que quieren, siempre les faltará alguna cosa. El objetivo del psicólogo es que aprendan a acertarlo y vivir más tranquilos.

Montse Fernández

Psicóloga col 19068. Terapeuta Gestalt

 

 

 

Aprender a escuchar

Aprender a escuchar

Aprender a escuchar

 

¿Es lo mismo escuchar que oír?

No hace falta más que sentarse en la terraza de un bar y observar cómo habla la gente, cómo se comunican, cómo se atropellan las frases. ¿sabemos escuchar? ¿Es lo mismo escuchar que oír?

 No, no es lo mismo. En la escucha hay atención e incluso algunos, son capaces de empatizar silenciosamente con el emisor y establecer una relación bidireccional y oir, es algo mecánico donde no hay una auténtica conexión con lo que el otro dice y donde muy a menudo se interpreta lo que escuchamos y aprovechamos para decir “la nuestra”.

 Desde niños, en la escuela nos enseñar a hablar y a escribir, pero nadie nos enseña a escuchar. ¿Cuántas veces en una conversación somos capaces de interrumpir a nuestro interlocutor con la excusa de que lo que vamos a decir es más interesante, importante o certero?

Tipos de escuchas

 Estamos tan ensimismados en nuestros propios asuntos que es habitual dar poco valor a los que nos dicen y por inercia, según el carácter, acabamos por desarrollar estilos insanos de escucha donde canalizar nuestra necesidad de sociabilizarnos.

  Tipos de escucha, pero ahí van algunos:

  • Escucha de falsas buenas intenciones: esta es muy habitual, es cuando te pones más sabiondo que el otro y con la excusa de hacerlo por el otro, por compasión, para ayudar, le ofreces “sabios” consejos.
  • Escucha “labrando el terreno”: se trata de utilizar al interlocutor para hablar de uno mismo, dar la vuelta a la conversación.
  • Escucha “a traición”: es un tipo de escuchar donde utilizas lo que se intenta comunicar para menospreciar al otro, reírte o quitarle importancia.
  • La falsa escucha: esta también es común, interlocutores que parecen que escuchan pero que en realidad, curiosamente, sólo están pasando el tiempo. Este tipo de conversaciones suelen ser unidireccionales. Uno habla, y el otro hace que escucha.

La necesidad de aconsejar.

Aconsejar hace que nos sintamos mejor, especialmente cuando el que habla es alguien que está necesitando salir de una situación, que se encuentran ante alguna dificultad de difícil solución. Nos invade la urgencia de aconsejar y muchas veces, con la falsa seguridad de creer saber qué es lo que el otro necesita.

Aconsejar no es fácil, es complicado conocer qué es lo que más conviene al otro porque nuestros consejos están codicionados por nuestras experiencias, creencias y conocimientos. A menudo no prestamos demasiada atención a todo lo que nos comunican y se aconseja de manera arbitraria, sin ningún criterio, sólo el de “yo sé más que tú”.

La escucha empática

La primera vez que escuché este término fue en la formación como antes de licenciarme como psicóloga.

Como indica la palabra se trata de ponerse en el lugar del otro para tratar de comprender su posición, sus dudas, sus dificultades, sin juzgar. Se trata de interiorizar que el otro puede tener otras maneras de pensar y de vivirse y no porque nuestras gestiones personales sean diferentes a las del otro, aquellas, las de el otro menos válidas.

La escucha ha de ser con los cinco sentidos, mostrar interés, hacer preguntas que pueden ayudar al otro a encontrar la manera de resolverse. Y si realmente queremos “participar” en la conversación, se trata de darle al otro una herramienta que conduzca la conversación a un mayor conocimiento del problema, llegar a un lugar donde por si solo uno no puede llegar.

Cuando practicamos la escucha de una manera en activa, mostramos interés, haciendo pensar al interlocutor, Por ejemplo, con preguntas bien planteadas podemos abrir posibilidades de que no se han planteado facilitando hallar una solución al tema tratado.

 Hay mucha literatura al respecto y está confirmado que en realidad quien controla una conversación no es quien más habla, sino quién mejor escucha. Escuchar al otro nos permite comprenderles, interesarnos por sus preocupaciones nos hace más humanos.

Montse Fernández

Psicóloga  sanitaria. Terapeuta Gestalt

¿Qué significa ser psicoterapéuta?

¿Qué significa ser psicoterapéuta?

¿Qué significa ser psicoterapeuta?

¿Qué entraña esta profesión?

 

 

 

Fritz Perls, gran figura dentro de la Terapia Gestalt, no creía en el concepto de “enseñar” al psicoterapeutas, sino que hablaba de “guiarlos” a ser ellos mismos.

-“Ser uno mismo”

– Estar aquí y ahora y permanecer despiertos.

– Ser responsables de nuestras acciones y sentimientos.

El psicoterapeuta debe entender su trabajo como algo más que vocacional,  sicronizado con de la técnica, en conocimiento y la experiencia.

Su tarea es  el oficio de ser psicoterapeuta, que tiene que ver con la maestría del artista, algunos relacionados con la compresión y el buen manejo de algunos conceptos clásicos de la psicoterapia: transferencia, encuadre, diagnostico.

Para ser un buen psicoterapeuta, se ha de saber apoyar lo genuino y confrontar lo falso-evitativo de un paciente. La mejor manera de aprender a hacerlo  se nuestra propia experiencia (al menos, así debería ser).

En todos los ámbitos de su vida personal el psicoterapeuta, la asimilación e integración del mundo que le rodea, ha de ser constante, de manera activa, vivencial. No se trata de ser un super-man o super-woman, se trata de tener la atención despierta.

¿Qué difencia al paciente del psicoterapeuta?

 

En este caso, la respuesta es que el psicoterapeuta lleva más “camino hecho” y es por eso que reune conocimientos y aptitudes para acompañar a una persona que reclama un guía.

El psicoterapueta no es más que otra persona que  ha aprendido a reconocer sus crisis, neurosis, mecanismos…. y asimilarlas, aprender de ellas para que no sean un obstáculo para continuar el camino de la vida.

El psicoterapeuta empieza por permitir que el paciente se descubra alguna de las partes de si mismo, las capacidad  que aún no reconoce. Este descubrimiento es la esencia del trabajo terapéutico. Debe moverse con soltura y habilidad.

El paciente ha de encontrar el camino de autodescubrimiento

 

Ser imaginativo para poder alimentar y canalizar el flujo que el paciente, que este se autodescubra   facilitando y animándo a la exploración emocional, corporal y mental.

Fritz Perls aporto a la labor del terapeuta el concepto “frustración” en aquellos casos en el que el paciente juega sus conocidos papeles de manipulación. “Es una estrategia que incluye desde los gestos más abortivos hasta un breve mensaje verbal airado ante el retraimiento o evasión del paciente”.

Un ejemplo del trabajo de un psicoterapeuta

 

 

Por ejemplo, el psicoterapeuta bloquea al paciente como recurso para impedir que este siga su juego manipulador interminable, entonces, puede ocurrir, que lo descoloque, que lo situé en un lugar donde no se sabe mover y el paciente cree que no tiene recursos internos para salir de ahí.

No tiene la experiencia, es nuevo para él ya que consciente o inconscientemente, lo ha ido evitando a lo largo de toda su vida. Se siente aturdido, confuso, cansado… activado por la ansiedad….

El paciente-cliente puede paralizarse porque “haya tocado” con algo relacionado con su existencia o algún aspecto de la misma. La impotencia, la dependencia y con sentimientos dolorosos. Si ha podido profundizar con la experiencia, se abre al mundo desconocido.

Son momentos difíciles para el paciente que el “buen” psicoterapeuta debe saber como acompañarlo, estar disponible con tacto y eficacia, sin entrometerse, no es fácil… el encuentro entre terapeuta y paciente-cliente es la base de la relación terapéutica.

Mantenerse en contacto con el otro sin perder el contacto con uno mismo es uno de los puntos de anclaje del psicoterapéuta, pero a este nivel no es posible llegar sin la práctica y el autoconocimiento personal.

La actitud se puede “educar”, la técnica “aprender”, pero solo la experiencia es la que viabiliza la fusión de las otras dos y bien utilizada, posee múltiples y variados recursos.

Las técnicas son peligrosas cuando pueden convertirse en trucos. El psicoterapéuta es su mejor técnica. Su experiencia, el conocimiento de sus acciones y sentimientos, son el más valioso instrumento terapéutico.

Conciencia Interior. La actitud del psicoterapéuta

Cuando leo sobre la actitud del psicoterapéuta me remite continuamente a lo leído sobre budismo, Zen, actitud meditativa, introspeccióon selectiva, mindfulness, atención plena, atención consciente…

La práctica de la meditación, el cultivo de la parte espiritual, despierta la confianza que el hombre tiene en si mismo al sentirse “enraizado”. Aparece una autoconciencia de Si-mismo, que es mucho más que el Yo.

La conciencia de un estado de Ser, nos dota de unas capacidades especiales, tanto activas como pasivas. Permite al hombre vivir experiencias que trascienden aquellas que puedan darse a partir de los cinco sentidos, la intuición o los instintos. Es algo más profundo y completo. No esta segmentado.

Creo que para cultivar una actitud adecuada ante la vida has de pasar por un lento y nutritivo desarrollo espiritual. El despertar al autentica esencia del ser no es posible hasta que no desaparece de nosotros el ego, con sus puntos de fijación, que acapara y objetiviza prácticamente todo.

Montse Fernández
Psicoterapéuta. Psicóloga Sanitaria Col. 19068

 

 

 

Bibliografía:
RAMS, ALBERT: Metáforas de Viaje, La Llave, Vitoria. Gasteiz, 2001
PEÑARRUBIA, F: Terapia gestalt. La via del vacio fértil, Alianza, Madrid, 1998
BAUMGARDNER P.: Terapia Gestalt, Ed. Árbol, México, 1994
DÜRCKHEIM, K.: Hara, Centro vital del hombre, Ed.Mensajero, Bilbao

Emociones que curan

Emociones que curan

Emociones que curan

 

Deepak Chopra fue uno de los primeros médicos que investigó en la capacidad del ser humano en curarse cualquier enfermedad y en generar emociones que curan.

Actualmente, son muchos los médicos que abren el debate sobre la incidencia en las actitudes y las emociones en el proceso de curación de las enfermedades desde la más leves a las más conocidas y temidas. Emociones que curan.

Las emociones como parte del proceso de “la curacion”

 

Bruce Lipton, en su libro “La biología de las creencias” habla de la reeducación de las creencias y percepciones limitadoras que condicionan nuestra manera de pensar, sentir, y vivir. Contra LV:  http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110909/54213913374/lo-que-pensamos-varia-nuestra-biologia.html

Por lo que veo, en lo que sí que coinciden muchos profesionales que se dedican a la salud, es que una disposición positiva mejora los índices de superviviencia de las personas que están en tratamiento.

Ante una misma lesión, el resultado clínico en mucho mejor en una persona optimista que además, confía en el tratamiento, que un paciente con actitudes negativas y desconfiadas hacia el tratamiento  y el personal sanitario.

Distrés

Por otro lado, es importante no dejarse paralizar por el miedo que puede aparecer después de la información de un diagnostico indeseado, porque ahí se puede activar un mecanismo llamado distrés (respuesta insana al estrés) que provoca que el organismo tenga reacciones soltando al torrente sanguíneo una series de sustancia que a la larga, puede provocar toxemia química promoviendo la acidez sanguínea, depresión, apatía… El medio ácido es donde más probabilidades hay que se desarrollen cédulas cancerígenas.

La interacción de las emociones, acciones, actitudes, con el sistema nervioso, endocrino e inmunológico van a ser claves tanto para el desarrollo de la enfermedad como en procesos curativos.

Dice Luis Aliga, fundador de la clínica del dolor del Hospital de Sant Pau, que la predisposición es fundamental ante situaciones de dolor. Explica que los que tinen menos recursos emocionales para encontrar fuentes de satisfacción, son más sensibles al dolor.

En resumen, las emociones y la actitud pueden ser un herramienta muy valiosa a la hora de contrarrestar un mal diagnóstico y abrirse entonces a vivirse de una manera sana, positiva y esperanzadora, pero desafortunadamente, no siempre se da. Seguro que conocemos a alguien, o bien, nos han contado algún caso que no ha sido así, que el cambio hacia la confianza y la vida saludable no les ha salvado la vida.

De todas formas, concluyo que las enfermedades son una oportunidad para pisar el freno en mucho de los casos, respirar y mirar hacia dentro sin olvidarse de lo que hay fuera, de quién y qué nos acompaña en ese momento y abrazarlo con sensatez, y porque no, con esperanza.

Montse Fernández

Psicóloga col.19068 y terapeuta Gestalt