Lo que hoy te pesa fue, un día, la mejor salida que encontraste.
Cómo trabajo
Llevas tiempo sosteniendo.
El trabajo, la casa, los hijos, lo que haga falta. Por fuera funciona: nadie diría que algo va mal.
Pero terminas el día con la sensación de que algo no encaja, y no siempre sabes señalar qué.
Estar cansada no significa que lo estés haciendo mal. Muchas veces significa que llevas demasiado tiempo tirando sola de cosas que nunca tuviste que sostener sola.

Puede que ya lo hayas intentado.
Que hicieras terapia y te fuera bien. Que salieras entendiendo cosas que hasta entonces no veías.
Y que, aun así, al volver a la vida de siempre te encontraras reaccionando igual que antes.
Comprender por qué haces algo y dejar de hacerlo no van al mismo ritmo. Lo primero ocurre en la cabeza. Lo segundo pasa por el cuerpo, y el cuerpo no se convence con explicaciones.
Cuando eso sucede no es que la terapia anterior fallara, ni que tú no pusieras de tu parte. Es que faltaba llegar a otro sitio.
Cómo lo trabajo
Lo que hoy te pesa —la alerta que no baja, el bloqueo, desconectarte cuando algo aprieta— no apareció porque sí. En su momento fue lo que te permitió seguir adelante.
El problema es que esas respuestas se quedaron. Siguen activándose ahora, cuando ya no hacen falta, y no se desmontan por voluntad: no dependen de que lo hayas entendido bien.
Ahí es donde entra el EMDR. No borra nada. Permite que esas experiencias se reordenen, de modo que puedas recordarlas sin que el cuerpo reaccione como si estuvieran pasando otra vez.
No lo uso solo, ni de forma automática. Lo combino con una mirada relacional, porque lo que ocurre entre tú y yo durante la sesión no es el decorado del trabajo: es parte de él. Y porque no hay un protocolo que sirva igual para todas — hay procesos que necesitan primero calma y recursos, y otros que pueden ir antes al núcleo. Eso se va decidiendo, no viene decidido de casa.
Cómo es en la práctica
La primera sesión no tiene misterio. Hablamos de qué te ha traído hasta aquí y de cómo lo estás viviendo ahora, y te digo con franqueza si creo que puedo ayudarte. También te sirve a ti para notar cómo te sientes conmigo, que no es un detalle menor.
No empezamos procesando nada directamente. Antes trabajamos algo muy concreto: cómo calmarte cuando te desbordas, cómo parar si hace falta, cómo volver a un lugar seguro dentro de ti. No es un trámite antes de lo importante — muchas veces, esto solo, ya cambia cosas.
Cuando llega el momento de tocar lo que pesa, se hace desde esa base y al ritmo que tú marques. Si algo va demasiado deprisa, se dice y se ajusta. No hay una cantidad de sesiones fijada de antemano.
Las sesiones duran 50 minutos, presenciales en el Baix Llobregat o por videollamada, suelo combinar ambos formatos.


Lo que NO vas a tener que hacer
No vas a tener que contarlo todo con detalle. Se puede trabajar con una imagen, con una frase suelta, con lo que aparezca. Cuánto de eso llega a ponerse en palabras lo decides tú, sesión a sesión.
No vas a tener que demostrar que lo tuyo es bastante grave. No hace falta un episodio que señalar ni una etiqueta que lo justifique. Si te pesa, se trabaja.
No vas a tener que revivirlo y aguantar. La preparación de la que hablaba antes existe precisamente para eso: para poder acercarte a lo difícil sin quedarte dentro. Se cuida el ritmo, se para cuando hay que parar, y si algo remueve más de lo previsto, se atiende.

Con quién trabajo
trabajo con adultos, en terapia individual.
Sobre todo con personas que llegan con:
Heridas de la infancia y del vínculo. Haber crecido pendiente de lo que pasaba alrededor, no sentirte suficiente, aprender pronto a no dar problemas. Y notar que eso sigue funcionando hoy en cómo te relacionas y en cómo te tratas a ti misma.
Cosas que se fueron acumulando, sin un nombre claro. No un suceso que señalar, sino años sosteniendo: cuidados, pérdidas, situaciones que aguantaste porque no había otra manera. El cuerpo suele pasar factura antes de que la cabeza lo registre.
Duelos, rupturas y separaciones. Cuando algo terminó por fuera pero por dentro no, y la vida sigue pidiéndote que funciones igual.
Si lo que necesitas queda fuera de ahí, dímelo igualmente y te oriento hacia dónde tiene más sentido que vayas.
No hace falta que lo tengas ordenado antes de escribir, ni que sepas si es «para tanto».
Si te has reconocido en algo de lo que has leído, el siguiente paso es pequeño: preguntar.
Y antes de reservar nada, puedes escribirme o llamarme y preguntar lo que necesites. Te respondo yo. Si veo que lo que buscas encaja mejor con otro tipo de ayuda o con otra profesional, te lo diré.