La buena noticia es que no tienes que elegir
Es una de las dudas que más me llegan antes de una primera cita, y casi siempre viene con una preocupación detrás: si voy al psiquiatra, ¿me van a medicar sin más? Y si voy a la psicóloga, ¿me estoy quedando corta?
La pregunta está bien hecha, pero parte de una idea equivocada: que hay que decidirse por uno de los dos. En la práctica, muchas personas hacen las dos cosas a la vez, y les va bien.
Qué hace cada uno
El psiquiatra es médico. Ha estudiado Medicina y después se ha especializado en salud mental. Puede explorar si lo que te ocurre tiene un componente físico, hacer un diagnóstico médico y recetar medicación, que es algo que ningún psicólogo puede hacer.
La psicóloga sanitaria no receta. Mi trabajo es otro: entender qué te está pasando, de dónde viene y qué lo mantiene, y acompañarte en un proceso para que eso cambie. Se hace hablando, sí, pero también trabajando con lo que aparece en el cuerpo y en la relación.
Dicho en corto: el psiquiatra puede actuar sobre cómo te sientes ahora; la terapia trabaja sobre por qué te sientes así y qué hace falta para que deje de repetirse. Son cosas distintas y no compiten.
¿Por cuál empiezo?
No hay una regla única, pero sí algunas orientaciones que suelo dar:
Empieza por lo médico si estás muy bloqueada para funcionar en el día a día, si llevas mucho tiempo sin dormir, si has perdido peso o apetito de forma llamativa, si aparecen síntomas físicos que no se han mirado, o si sientes que no puedes sostener el día.
Empieza por terapia si puedes seguir con tu vida, aunque sea a duras penas, y lo que notas es que hay algo que se repite: relaciones que acaban igual, reacciones que no controlas, un malestar de fondo que no se va.
Y si no lo tienes claro, pregunta. Puedes escribirme y contarme por encima qué te pasa, y te oriento — aunque la respuesta sea que en tu caso lo primero es un médico.
Sobre la medicación
Aquí quiero ser cuidadosa, porque se dicen muchas cosas.
La medicación no borra el problema, es verdad. No resuelve lo que te ocurrió ni cambia cómo aprendiste a relacionarte. Pero tampoco es un parche que impida el trabajo de fondo, como a veces se dice.
Muchas veces es justo lo contrario: cuando alguien está tan mal que no puede ni pensar, la medicación baja el ruido lo suficiente para que la terapia sea posible. Sin ese margen, el trabajo psicológico no puede ni empezar.
Lo que sí es importante:
- La medicación la ajusta quien la receta, nunca tú por tu cuenta. Ni la dejes, ni cambies la dosis, ni la espacies porque te encuentras mejor. Retirar ciertos fármacos de golpe puede sentar muy mal.
- Si estás en tratamiento, dímelo en la primera sesión. Cambia cómo planteo el trabajo y a qué ritmo.
- Si en algún momento creo que te convendría una valoración médica, te lo diré con claridad.
Cuando lo primero es pasar por un médico
Hay situaciones en las que la terapia no es el primer paso, y prefiero decirlo abiertamente:
- Cuando hay consumo de alcohol u otras sustancias sostenido en el tiempo. Dejarlo de golpe sin supervisión médica puede ser peligroso, y eso se valora antes de nada.
- Cuando hay síntomas físicos sin estudiar.
- Cuando hay riesgo para tu vida o la de alguien. Eso no es una consulta que se agenda para la semana que viene: es urgencia médica.
Decirte esto no es quitarte de encima. Es parte de hacer bien mi trabajo. Aquí tienes una lista de teléfonos gratuitos de urgencias por si necesitas hablar con alguien de manera urgente.
Cómo lo llevo yo
No te voy a pedir que elijas, ni voy a opinar sobre lo que te ha recetado tu médico.
Si vienes con tratamiento, trabajamos con eso puesto. Si en algún momento tú y quien te lo receta valoráis retirarlo, la terapia es un buen sitio donde sostener ese proceso, porque suele ser cuando aparece lo que estaba amortiguado.
Y si nunca has tomado nada y no lo necesitas, tampoco pasa nada. No todo malestar requiere medicación.
Si quieres preguntar antes de decidir
No hace falta que sepas si lo tuyo es de psicóloga o de psiquiatra. Esa parte me toca a mí.
Puedes escribirme o llamarme antes de reservar nada y preguntar lo que necesites.
